Era sabado por la mañana, y Luna tenía preparado todo el día a la perfección: primero iría a ver el mar, haría unas pocas fotos y cogería un autobús para acercarse al centro de la ciudad a comer. Sergio, la dijo que Chad quería hablar con ella mas tarde, asi que lo hablaron y quedaron en el Starbucks de la calle 784 W. Washington St. Tomarian el café y darían una vuelta.
Cogío las cosas que había preparado, y se dirigió hacia el mar: la sensacion de la brisa marina hizo que se estremeciera... recordó a sus padres, y a toda una vida que habia dejado en NY, echaba de menos a su abuelo, y a las chicas del insti. el tiempo se la pasó volando.
Ya era tarde, cogió el primer autobús que vio y llego al centro. No tenia nada que ver con las afueras, era como un mundo aparte, la recordaba a Ny con los edificios altos, las tiendas… pero tenia lalgo distinto que no sabia muy bien qué era.
Era la hora de comer asi que busco un restaurante y se sento en la primera mesa libre que vio
- - Quiere que la traiga la carta madame? – un chico quapisimo de su edad, moreno con los ojos de un color gris indescifrable se la acercó con una bandeja en la mano.
- - Sí, gracias – el chico la guiñó un ojo y desapareció
- - Aquí tiene, ah! Por cierto, soy John, encantado
- - Yo Luna
- - Mmm… termino el turno en 10 min. Quieres venir a dar una vuelta mas tarde??
- - Oh! Lo siento, me encantaría pero esque ya tengo planes para esta tarde
- - A… bueno , si quieres puedes escribirme tu numero en el móvil
- - Si, claro. – torpemente lo cogió y se lo escribió
Llegó donde había quedado con Chad, y él la estaba esperando.
- - Hola!, perdón por llegar tarde de verdad, esque me he hecho un lio con el autobús
- - No importa, tengo que contarte algo…




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